domingo, 15 de septiembre de 2013

Aburrimiento


  Cuanto más perceptivos nos volvemos, más predispuestos nos encontramos a tropezar con la klipáh  (obstáculo) del aburrimiento y la inquietud. El aburrimiento es ese lugar en donde comenzamos a odiar la igualdad de nuestra vida. Es ese lugar en el cual sentimos que la conciencia ha sido masticada por otro y luego puesta delante nuestro. Todo se vuelve sin sentido. Nada nos satisface.

La inquietud surge de ese aburrimiento. Un impulso o ietzer desarrolla para empujarnos lejos de los que nosotros encontramos aburrido. Queremos correr a una nueva experiencia, una nueva relación, una nueva percepción de cómo debería ser. Por un instante, parece que el aburrimiento hubiera desaparecido. Pero en verdad, el aburrimiento no ha desaparecido. Es como una mesa que está muy polvorienta. Tú puedes sacar el polvo, pero la mesa, es decir el lugar en donde el polvo se deposita permanece exactamente igual. Lo cierto es que nuestra constante búsqueda tras lo nuevo no cambia el lugar adentro nuestro, desde el cual surge la insatisfacción.

Existen básicamente dos lugares desde los cuales se puede lidiar con ese aburrimiento. El primero es cerrar nuestra mente. Es alejarse de la angustia y el dolor con los que estamos luchando. Es cambiar nuestro trabajo, el lugar donde vivimos, amigos, esposos, etc.



A veces, es eso lo que necesitamos hacer. Pero el peligro se presenta porque podemos cerrarnos por demasiado tiempo, y comenzar a vivir únicamente en la memoria de esos momentos, cuando realmente existían.

El camino de la Toráh, prefiere que utilicemos otro método para manejar el aburrimiento y la inquietud. La Toráh nos incita a hipersensiblizar la mente. Esta es la forma adoptada por grandes maestros de la humanidad como el Dalai Lama o Thich NhatHahn o el Baal Shem Tov. Cada momento puede ser increíble. Cada momento de lavar los platos, cada momento de caos de tránsito es una nueva oportunidad para una pasión mayor. Para este tipo de mentalidad aún observar crecer el pasto es una experiencia excitante.

El corazón más profundo desea ese estado vivencial. La mente es dinámica. Si experimentamos aburrimiento, esa es la oportunidad para una renovada conciencia de lo que la Toráh nos dice: que cada día, cada momento, podemos inventarnos de nuevo.

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