domingo, 15 de septiembre de 2013

Meditación y Kabalah



Entre las muchas formas de meditación disponibles para practicar hoy en día, también existe la meditación hebrea.

Originariamente enmarcada dentro de la Kabalah (o misticismo judío), y claramente expuesta en el Texto Bíblico,  la meditación hebrea tiene como objetivo primario obtener un estado permanente de madurez y sabiduría, aplicados a la vida cotidiana.

Para conseguir este primordial objetivo será necesario primero, equilibrar los cuatro mundos (u Olamot) presentes en el ser humano; el material, emocional, mental y espiritual. 


Este equilibrio, que muchas veces damos equivocadamente por sentado es, en realidad, una oscilación permanente entre el lado mental izquierdo, racional, frío, pensante y el derecho, intuitivo, espontáneo, expansivo, la denominada –en hebreo- “danza de las Guevurot y los Jasadim”.





La meditación hebrea y la Kabalah en particular proponen un compromiso inclaudicable con la acción, con el desarrollo personal y la corrección de los errores en el Olam HaAssiáh (o Mundo de la Acción). Estamos comprometidos con el mundo y por lo tanto con nosotros mismos;  y no podemos (ni debemos!) huir de él. Aplicar la sabiduría y el conocimiento en nuestras vidas reflejará el éxito de nuestra meditación y la posibilidad de atraer cambios a nuestra vida y nuestro entorno.


Por lo general vivimos nuestra vida anclados en un solo lado, u oscilando muy poco, circunstancia que perjudica y obstaculiza la recepción o Kabaláh  del Shefa (Sustento Espiritual).

Esta situación se refleja en  nuestra vida cotidiana, por ejemplo, cuando nos cuesta cambiar o nos negamos a reconocer y aceptar nuestros talentos, nuestras posibilidades, nuestra misión, cualesquiera que éstas fueran. También cuando nos negamos a aceptar nuestra presente circunstancia.


Cuando comencé a estudiar Kabalah, en el Centro de Estudios de Kabalah “El Huerto del Nogal”, en 1996,   eran muy pocos los que sabían de la existencia de la meditación hebrea;  y la Kabalah recién comenzaba tímidamente a abrirse dentro de una comunidad judía conservadora como la que hay en Argentina.  De hecho, para mí, luego de haber crecido en un entorno judío, educada en escuela primaria y secundaria hebrea, recién entonces gran parte de lo aprendido empezaba felizmente a cobrar sentido,  pero  dejaba de tenerlo fuera de la luz de la Kabalah.

Pude profundizar en la meditación hebrea en ese momento solo a través de textos o manuscritos originales en hebreo o inglés; entonces la  importancia de estudiar desde las fuentes, sin seguir a ningún caudillo o rabino en particular, y aprendiendo de todos en general, me dio la posibilidad de aprender varias líneas de estudio y utilizar mi libre albedrío para elegir.  


Así,  pude estudiar y debatir con un  importante número de maestros de las más diversas líneas kabalísticas y meditativas, que hoy me permite crecer dentro de parámetros normales y coincidentes con mi  idiosincracia judía y argentina.

Integrar la meditación y la vida nos sensibiliza hacia todas nuestras posibilidades, que por demasiado tiempo hemos dejado de lado: mejorar nuestras relaciones, superar nuestros miedos, desarrollar nuestra creatividad para solucionar cualquier tipo de problemas… Comenzar hoy con un poquito de tranquilidad puede ayudarnos a identificar nuestras oportunidades constantes de evolución y aprovecharlas. A comprender los mensajes que permanentemente nos llegan desde lo Alto.


Otro de los beneficios de la meditación hebrea, aparte de los consabidos beneficios en salud al igual que todas las demás disciplinas meditativas,  es que nos permite recrear los pensamientos acerca de nosotros mismos, de los otros y de Dios.

La meditación hebrea nos brinda el momento justo para  movilizar esquemas rígidos y dinamizar nuestra mente permitiéndole crear un espacio sagrado para ser llenado de espiritualidad, amor y Dios.


Es muy significativo que en la Kabalah el modo normal de pensar de una persona se denomine “mentalidad pequeña” o Mojin dekatnut, mientras que los estados más avanzados de pensamiento y conciencia se llamen “mentalidad grande” o Mojin deGadlut. Éste último estado se aprende a través de la meditación y desarrolla la habilidad de trascender las maneras de pensar a las que uno está acostumbrado, porque así le enseñaron a pensar desde que era niño.


La meditación judía tiene luego, otras metas importantes: profundizar en las cualidades del ser, identificarlas, ampliarlas o corregirlas (hacer el tikkún); desarrollar aptitudes mentales, transformar la realidad,  mantener una experiencia directa de la divinidad.




Mucha gente me pregunta hoy en día ¿Cómo puedo conectarme? ¿Cómo puedo llegar a tener una vivencia sobre Dios? La respuesta no está en el estudio filosófico o teórico. Si bien creo que éste es esencial para tener un claro entendimiento de la naturaleza de las cosas, de todas formas, la unión con la divinidad está más allá del mero estudio teórico de la Kabalah o de cualquier otra disciplina mística. 

Uno debe poder expandir sus propios pensamientos superando las fronteras del reino del intelecto e ingresar en una realidad no-lineal, sino más bien circular,  que se encuentra fuera de la existencia individual, ya que solo allí, con la minimización del ego se puede experimentar a Dios.


En la antigüedad los meditadores hebreos formaban parte de las escuelas proféticas. Estas academias tenían un programa de entrenamiento “profético” que requería del novicio adoptar una serie de reglas que reorientarían su mente y su conciencia para cultivar en ellas la sensibilidad a ciertas entidades espirituales  que no pueden ser vistas ni conocidas por el común de las personas. Los profetas novicios eran entrenados en las ciencias de las manipulaciones y alteraciones de conciencia. Ellos profundizaban su  percepción para poder distinguir fuerzas espirituales que se  encuentran bajo la forma física y que permiten fluir a las cosas aquí en la tierra.


Algunas de estas meditaciones que llegan hasta hoy día, y provenientes de unas pocas escuelas desconocidas para el público general,  son sumamente complejas y forman parte de la Kabalah Meditativa, Práctica o Maasit que están reservadas para los estudiantes avanzados de Kabalah o para  los amigos de lo oculto. Estas meditaciones se realizan  en grupos muy reducidos de alumnos avanzados y preparados que reciben las instrucciones por vía de Tradición Oral.


Sin embargo hay un gran número de técnicas que se encuentran al alcance de todos y que pueden ser practicadas por cualquier persona mentalmente sana sin distinción de religión. La propuesta meditativa excede el ámbito religioso aunque lo contiene.


Algunas que podemos mencionar son Musar (o Hitbonenut) que implica la contemplación de un versículo del Texto Bíblico;  Shiviti la contemplación del  Tetragrama (Nombre de Dios de cuatro letras); la repetición de un acróstico (o Rashei Tevot) formado por las letras iniciales de las palabras de algún versículo seguramente extractado del Libro de los Salmos, la recitación de la Amidáh (o las 18 Bendiciones), son solo algunas de las posibilidades. Hay muchas más.



La Guematria o Simbología Numérica Hebrea se lleva los laureles a la hora de ampliar la conciencia y encontrar significados. Las permutaciones o combinaciones de letras hebreas, que son arquetipos que forman parte del inconciente colectivo, tienen un inmenso poder. Las letras hebreas también vibran y resuenan de formas particulares y se convierten en una herramienta de cambio.


La Kabalah meditativa o meditación hebrea tiene un  lugar para todos siendo una maravillosa herramienta  para transformar la realidad.

Ruth A. Percowicz



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