jueves, 12 de septiembre de 2013

Los Curadores Místicos


Los doctores del departamento de Psiquiatría del Hospital Barzilai de Askelon (Israel) no tenían dudas de que estaban tratando una enfermedad mental o un quiebre emociona: Sara Y.; inmigrante etíope de 10 años, madre soltera de dos niños lloraba desconsoladamente, no había comidao por días y no respondía a las preguntas que amablemente le hacía un intérprete etíope.

Sus familiares la habían llevado al hospital después de que una trabajadora del servicio social les insistiera. Los mismos dijeron que Sara no había cuidado de sus hijos ni dicho una sola palabra durante semanas.
Por dos meses, los doctores le dieron tranquilizantes intentando estabilizar su delicada condición. Pero Sara continuaba con su mudez y llanto constante. Más de una vez hubo que darle de comer a través de un tubo plástico.
Entonces sus familiares solicitaron al hospital llevársela a su casa por el fin de semana. Después de dos días, cuando regresó al hospital, Sara aceptó comida, conversó, sonrió por primera vez en meses y pidió dejar la medicación. El siguiente fin de semana retornó nuevamente a su hogar, y cuando el lunes regresó a Barzilai, solita, pidió su propio alta. Unos días después se encontraba viviendo en su casa,  en normal condición.

La fuente de esta cura asombrosa, según su familia, fue que durante sus dos fines de semana en casa, Sara fue tratada por un dabtara, un curador místico judío etíope, que trabaja espantando espíritus y usando hierbas especiales.
La inmigración judía etíope a Israel que culminó en 1991 con el traslado aéreo de la “Operación Salomón”, dejó cierta cantidad de dabtaras en ese país. Pero ellos son la última adición a los curadores místicos tradicionales junto a los marroquíes, yemenitas, jasídicos y otras comunidades.
Tal vez, los más conocidos son los rabinos Abujatzeira, judíos marroquíes. La tumba del rabino IsraelAbujatzeira -el Baba Sali o “padre rezante” en árabe- se ha convertido en un lugar de peregrinaje, manejado por su hijo. Decenas  de miles de visitantes se juntan todos los años para Enero, mes del fallecimiento de Baba Sali, con la esperanza de que su sola presencia en la tumba los ayudará y asegurará una mejor vida.
El controversial hijo de Baba Sali, rabino Baruj Abujatzeira, provee regularmente amuletos a quienes le solicitan su ayuda.

El rabino Itzjak Kaduri, el “más anciano de los kabalistas’, de origen marroquí, era requerido con frecuencia en su casa de Jerusalem por miembros del parlamento israelí, que le solicitaban sus bendiciones. Y a través de todo el país, cientos de curadores menos conocidos iniciaron un estable comercio de hierbas medicinales, ristras de ajo y tiritas rojas que tienen una reputación ganada contra el mal de ojo.

La tradición de la medicina mística es particularmente fuerte entre los judíos marroquíes, quienes llegaron a  Israel en la década del ‘50 y ‘60 con cientos de rabinos curadores. Pero también existen entre los judíos de Irak, Yemen, Georgia, y Asia Central.

Los practicantes utilizan numerosos métodos derivados de las culturas del África Negra y el mundo árabe, la Kabalah, y los tratados médicos de Maimónides. Las numerosas comunidades comparten la tradición de no cobrar por sus servicios - pero con frecuencia reciben donaciones que pueden variar de 200 a 2000 dólares.
Existe el consenso de que entre estos curadores espirituales hay muchos charlatanes y falsos gurúes que cobran fortunas por exorcismos, diagnósticos de enfermedades observando profundamente en los ojos de sus “pacientes”, y curando por imposición de manos. Pero los expertos coinciden en que muchos elementos de la medicina mística deben ser tomados  en cuenta seriamente.
Sea lo que fuere que los expertos digan, la curación mística es más popular que nunca.

Los inmigrantes etíopes creen que sólo los dabtaras y algunos otros elegidos saben cómo tratar a los espíritus conocidos como zar, que están presentes en todas partes y son con frecuencia responsables de las enfermedades. La creencia en zar es común entre los etíopes judíos y no-judíos, al igual que los métodos para alejarlos.
En el caso de Sara, el dabtara hizo que ella y su familia se sentaran juntos y llevaran a cabo una ceremonia tostando granos de café tres veces por día, mientras ella vestía un lindo vestido, joyas y perfumes.

Fuentes universitarias explican  que los dabtaras practican la adivinación a través del uso de un libro especial, pueden alejar malos espíritus y conocen los secretos de las hierbas medicinales. En Etiopía, en donde el analfabetismo es del 90%, la palabra escrita guarda un poder especial ante la gente común. El dabtara usa este poder para tratar con una amplia gama de problemas desde enfermedades hasta disputas familiares.
Se estima que la participación de los miembros de la familia es una especie de terapia de grupo, que es aún reconocido en las sociedades occidentales para tratar las depresiones. La actitud impersonal y fría de los doctores occidentales, por otra parte, resulta muy extraña e ineficaz para una persona llegada de una cultura diferente.
Los dabtaras utilizan un “lenguaje secreto” para hablar con los espíritus y muchos etíopes curados por dabtaras agregan que “escriben palabras que les gustan a los espíritus” en una especie de pergamino, que luego se cose a una bolsita que se coloca alrededor del cuello. Los curadores místicos etíopes también elaboran hierbas que se hacen traer especialmente de Etiopía, y todos los presentes en la ceremonia deben tomar un poco de la mezcla.

Son innumerables los testimonios de personas curadas por dabtaras, en casos que la medicina occidental considera “ perdidos”  o “terminales” o no puede diagnosticar el mal. Los dabtaras parecen saber exactamente qué hacer. Una gran parte de estos casos están documentados en todas las Universidades de Israel.

Quienes no consideran a esto un formidable negocio -por lo general- se esconden detrás de la escena. Los verdaderos curadores místicos, cuyas familias insisten que sus nombres o domicilios no sean publicados, practican su oficio en pequeños lugares, en las afueras de las ciudades. Sus edades no son inferiores a los 70 años, y los “consultorios” tienen las paredes cubiertas con collares de cuentas, colas de caballo disecadas y amuletos; sus escritorios están llenos de lápices y papelitos con escritos en amhárico (etíope). Los curadores se niegan a hablar con reporteros, ser fotografiados o permitirle  a nadie observar su trabajo.
Se dice que los dabtaras son buscados por muchos no-etíopes, y  éstos temen inundarse de pacientes más curiosos que enfermos.

A diferencia del zar etíope, los marroquíes tienen el jinn, un espíritu o genio, en árabe. Con el mismo método del pergamino alrededor del cuello, hierbas medicinales y preparados especiales, casos incurables para la medicina occidental como la parálisis histérica, han sido sanados frente a los ojos impotentes, celosos y sobrantes de los flamantes médicos practicantes del mundialmente reconocido Centro Médico Soroka.

La creencia  de que los judíos de países árabes han tradicionalmente aceptado el poder de los espíritus, deriva del Corán y la Ley Islámica, que aceptan al jinn  como real. Las acciones humanas pueden ofender a los espíritus quienes devuelven el golpe causando problemas de salud. El objetivo del curador místico es encontrar la cadena de eventos que generaron la ofensa, y entonces hacerle frente.
Casos de ceguera temporal, parálisis de manos o piernas, pérdida de oído, diagnósticos para los cuales los hospitales no conocen forma de intervención -quirúrgica o no- han sido curados. Los médicos están convencidos de que la curación es genuina, puesto que se le hacen al paciente todos los análisis correspondientes, pero no tienen la menor idea de cómo; y advierten: “Para nosotros no hay forma de saber qué dabtara es legítimo y quién no, de la misma manera que para el extranjero que ha desembarcado en una cultura occidental, saber qué médico es confiable y quién no”.

Los curadores místicos judíos del Norte de África se basan en dos métodos: el uso de hierbas y raíces, y el más importante uso de palabras escritas, por lo general pasajes del Talmud o la Toráh junto a la Guematria - sumando el valor numérico de las letras del nombre de una persona - encontrando un pasaje bíblico con ese mismo valor, y usando el resultado como un amuleto. Ambos métodos apaciguan a los malos espíritus, dicen.



Para muchos es una cuestión de fe, de canalizar las energías a través de los métodos más confiables para cada uno. Pero los médicos observan: “De todas formas el médico formado en las universidades occidentales difícilmente recomiende el uso de la fe para la curación de un paciente. Es más aceptable proveer drogas que sugerir algún camino místico o probar algún método más espiritual”.
Los redactores de este artículo se quedaron mirando fijo a los jóvenes doctores aseverantes de esta postura. Y luego discutieron con ellos la certeza del enunciado.
Al fin de cuentas, nadie quiere ofender a los espíritus.

R.A.P
(Permitida la reproducción total o parcial citando la fuente)

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