martes, 26 de noviembre de 2013

El Golem

El Golem es una figura popular en la leyenda judeokabalística, recogida y transformada en diversas elaboraciones artísticas, que gozó de gran difusión en las literaturas judía y alemana del siglo pasado. Los diversos autores que plasmaron su imagen se sintieron particularmente atraídos por la gran fascinación que emanaba de su simbolismo, ya fuere como camino de salvación o como materialización de sus propios conflictos y luchas internas.

El surgimiento del Golem es explicado a partir de ciertos ritos (oraciones, ayunos, etc.) que practican algunos sabios judíos para modelar a continuación un hombre de arcilla
amasada con agua pura. Sobre su frente se halla escrita la palabra emet “verdad”; al pronunciarse el nombre divino, el antropoide cobra vida y si bien no habla, entiende lo que se le ordena y puede practicar toda clase de tareas. El Golem va creciendo día en día hasta que, por el miedo que inspira, los habitantes de la casa borran la primera letra de su frente de forma que sólo que da met “muerto”; en ese momento el Golem se deshace y vuelve  a convertirse en arcilla.

Para el Prof. Moshé Idel  -investigador de la Kabalah  y titular de la cátedra de Kabalah de la Universidad Hebrea de Jerusalem (y considerado  sucesor de Gershom Sholem) - la tradición mística del Golem es la más desarrollada de todas dentro del judaísmo. Considera que subsiste a lo largo del tiempo por su gran envergadura, mientras que otros tópicos cercanos a él podrían ser los aspectos mágicos vinculados con la llegada del Mesías que obrará milagros.
Esta persistencia y vitalidad que superan las de otros aspectos  de la mística judía se debe en primer lugar a que se lo puede hallar en los textos canónicos, como el Talmud y el Sefer Yetziráh; en segundo lugar, porque resalta la centralidad de la lengua hebrea, que es la que da vida al hombre artificial.




No se trata solamente de magia, sino de una magia particular que confiere una fuerza especial, y más allá de ella existe un interés en otorgar al hebreo un lugar especial a nivel religioso: destaca el poder creador del lenguaje en general, y de la lengua hebrea en particular.
Esta clave guarda relación con el hecho de que Dios creó el mundo a través de un acto de habla; el Golem se integra al mundo del pensamiento judío, no se trata de una magia que se inserta desde lo exterior. Por eso fue asimilado, y porque conlleva otro mensaje que se adapta a los códigos de la cultura hebrea: la trascendencia de la lengua y el hecho de que los sabios puedan crear un Golem  a partir de lo mejor del judaísmo. También en otras culturas existen tradiciones similares, pero en ellas no es tan importante el rol de la lengua; se trata de algo más mecánico.

El aspecto más trascendente en las ideas presentes en la creación del Golem, es sin duda el lenguaje; el tópico más desarrollado en todos los textos.
En opinión de Idel, el tratamiento del idioma en el marco del Golem tiende a su destrucción: destruir la lengua y utilizar diversas combinaciones de letras carentes de sentido. El aspecto mágico, la manipulación del material por medio de la falta de significado en una suerte de ritmo matemático: “ab”, “ac”, “ad”. Lo que más resalta es que estas combinaciones de dos letras carecen de significado, no se trata de lenguaje comunicativo, sino de  una especie de lenguaje matemático. Y en ese contexto, se asemeja mucho a la cibernética de hoy en día, que se basa en lenguaje binario y  no en los significados.
La lengua vacía de significado le insufla fuerza a la misma. El poder no se halla a nivel semántico, sino parasemántico: la dimensión mágica, creadora. No es una magia que opere por encantamiento, que trate de persuadir, sino de otra clase: una magia que procura influir sobre la materia a través del lenguaje.

El rol de las letras

“Más que cualquier otro texto de mística judía antigua, el Sefer Yetziráh despliega una cosmogonía detallada que se basa en el supuesto, de que la combinación de letras es la técnica por cuyo intermedio se ha creado el mundo y es también la sustancia de dicha creación. Si bien en el proceso creador participan otros factores -como por ejemplo las esferas, que son el fundamento numérico del universo- las letras y sus combinaciones focalizan el interés del autor. A pesar de ello, no resulta fácil extraer de las escasas frases del Sefer Yetziráh una teoría ordenada con respecto al poder creador de la lengua”.
Hay numerosos relatos, mitos y leyendas que incluyen metáforas del nacimiento, y en la historia del Golem asoman también estos elementos: El Golem es creado a partir de la tierra y el agua, cuando se borra la letra Alef de su frente retorna  a la tierra, etc.




El Prof. Idel fue cuestionado acerca de si  existen actualmente grupos o sectas místicas que aborden la creación del Golem, a lo que contestó que eso no es de su conocimiento. Sin embargo, hay quienes se interesan  por las leyendas y otros aspectos populares del tema, pero no más allá de eso. En su opinión la mayoría de los estudiosos de la mística se dedican principalmente al estudio de la Kabalah luriánica.
Con respecto a los peligros que representa la creación del Golem, “el primero es la falta de control” -comenta Moshé Idel-. Cabe señalar que los grupos no lo tenían presente como algo inminente, porque no percibían la creación de un Golem como un acto de manifestación de fuerza sino de sabiduría.

¿Hacia dónde apuntaban  los sabios?

 “Los sabios medievales que trataban de crear un Golem eran pretenciosos: no se interesaban en la criatura sino en una creación que reflejara la creación divina; aspiraban a una vivencia que excedía en mucho la teatralidad y percibían la creación mágica y la vivencia mágica como un continuum que podía brindar testimonio de su acceso a la plenitud espiritual.
En otras palabras entre los sabios medievales que pusieron de manifiesto la idea del Golem y la moderna literatura judía y no judía, se produjo un cambio radical. El Hombre moderno, alienado de la órbita divina, teme las proyecciones teológicas de sus propias fuerzas creadoras. Los sabios medievales podían -presuntamente por su sensación de cercanía a D’s- aspirar a objetivos que excedían los confines del mundo espiritual del hombre moderno y, en su percepción, concretarlos...
No cabe duda de que la represión de los impulsos creadores forma parte de la desorientación y perplejidad que caracterizan a los personajes modernos. Nuestra conciencia moderna percibe al universo espiritual medieval como de naturaleza imaginaria; esta visión genera una actitud escéptica ante el legado del pasado y al mismo tiempo debilita la postura optimista, activa, emprendedora que caracteriza a diversas formas de la magia y la mística”. (Prof. Moshé Idel)

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